La pulsera de las Almas Viajeras...
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Sólo Ida

¿Quién me mandó a mi soñar tan alto? Esa es la pregunta que se hizo nuestra invitada de hoy a escasas horas de emprender un viaje a Asia con tres cosas encima: una maleta, un billete de ida y mucha ilusión.

Probablemente no tuvo opción, hay gente que nace soñadora y nada puede hacer para remediarlo. Desde Livingstone nos preguntamos ¿Y por qué remediarlo?  Si como ya decía el afamado Walt Disney, “todos nuestros sueños pueden hacerse realidad si tenemos el coraje de perseguirlos”.

Claudia, del blog Sólo Ida, lo tuvo. Un buen día decidió dar un paso al frente y acercarse un poco más a su felicidad. En su caso, acercarse pasaba por alejarse, por irse muy lejos. Y no, no porque huyese de nada, sino porque buscaba algo.

Buscaba, como ella misma dice, “conocer, respetar, adaptarme, aprender y desaprender. Comprender, decidir, reír, llorar, ser feliz, seguir soñando, ser mejor persona y descubrir. Leer, escribir, fotografiar, conversar, pensar y, lo más importante, disfrutar”.

Hoy tenemos la suerte de tenerla con nosotros y comprobar de primera mano si ha encontrado todo esto.

 

Livingstone: Hola Claudia, muchas gracias por recibirnos, estamos encantados de tener una viajera de corazón con nosotros. Vamos a empezar fuerte, ¿qué significa para ti viajar?

Solo ida: Para mí viajar es sentir una inyección de adrenalina constante que me hace sentir más viva que de costumbre. Viajar es verme rodeada de situaciones imprevisibles, de paisajes y gente que no conozco, de comportamientos que quiero llegar a comprender. Cada día de viaje es una incógnita, un millón de ecuaciones que resolver bien a gusto.

“Descubre qué es lo que te apasiona y luego lánzate a por ello con todas. No dejes que el miedo te corte las alas porque lo peor que puede pasar es que vuelvas a tu situación inicial, pero con la gran satisfacción de haberlo intentado.”

L: ¿Puedes decirnos cuál es tu lugar favorito del planeta y por qué?

SI: ¡Qué difícil! La verdad es que he aprendido a sentirme cómoda en tantos lugares que tengo el corazón repartido en una buena decena de ellos. Pero, si tengo que elegir uno es Siargao. Esta isla de Filipinas me cautivó hace 2 años y no he podido quitármela de la cabeza. Tengo muchos vínculos sentimentales con el archipiélago, puesto que estuve viviendo allí un año y luego lo he recorrido extensamente durante casi medio año, pero Siargao fue el lugar que terminó de cerrar mi idilio. Es una isla simplemente perfecta: mares de palmeras, agua turquesa, gente bonita en cada esquina y tranquilidad a raudales. Sé que un día volveré para quedarme durante un tiempo.

L: Como dices en tu blog (algo que nos hizo reir, por cierto), “la cabra, tira al monte” y, en tu caso, tu “cabra” interior estuvo dormida hasta que un día despertó y dijo… “me mudo al Everest”. Nos encanta, ¿cómo fue esa revelación? ¿Hubo algún desencadenante o se fue fraguando poco a poco?

SI: Como cabra que siempre fui, era una idea que tenía en la cabeza pero que yo misma catalogaba de “cabra”. Es decir, yo creía que dejarlo todo y marcharse era de estar muy loco y nunca pensé que me atrevería a hacerlo. Sin embargo, un cúmulo de circunstancias laborales y personales me arrastraron a pensar un poquito más.

Sin casi darme cuenta empecé a desprenderme de muchas necesidades materiales y a ahorrar para, quizás, en un futuro, cumplir ese sueño loco. Además, empecé a nutrirme de esos viajeros que ya se habían lanzado y a ver que casi la loca era yo por no lanzarme. Creo que tardé casi 9 meses en materializarlo, con mucho esfuerzo y lágrimas, tomé el gran paso y presenté mi dimisión.

La sensación de libertad más grande que he sentido en mi vida fue en el despegue del avión que me llevó a Bangkok. No lo cambiaría por nada.

4.- En un momento en el que la gente cada vez sueña menos…¿Qué dirías a la gente que aún no ha liberado a su “cabra” interior?

SI: Que descubra cuál es su cabra primero y que no deje que el miedo la ate para siempre. Siempre digo que viajar de la manera en la que yo lo hago sea para todo el mundo. En un momento en el que las redes sociales mitifican el viaje como la liberación absoluta hay que ser consciente de que lo que a él le vale quizás no te vale a ti.

Es decir, descubre qué es lo que te apasiona y luego lánzate a por ello con todas. No dejes que el miedo te corte las alas porque lo peor que puede pasar es que vuelvas a tu situación inicial, pero con la gran satisfacción de haberlo intentado.

“Creo que a veces nos dejamos arrastrar demasiado por el camino que nos marca la sociedad y no nos damos margen a probar otros caminos, viajar me ha enseñado a que tengo que experimentar un poco más y a dejarme llevar.”

L: ¿Cómo afrontó tu entorno esa decisión de coger los bártulos y emprender un camino sin destino fijo ni fecha de regreso?

SI:¡No tan mal como yo esperaba! Creo que se lo esperaban. Quizás es porque yo había ido soltando algunas “perlitas” cuando ni yo misma me lo creía o porque siempre me vieron capaz de todo. Para mis padres fue duro el hecho de que me marchara sola, puesto que hay mucho miedo social a lo que le puede pasar una mujer viajando en solitario.

Sin embargo, las redes sociales ahora juegan de nuestra mano y siempre me he mantenido conectada. Ellos me ven feliz y eso les hace felices a ellos. Ahora son mis mayores fans y creo que les he hecho ver que hay otras formas de vivir igual de válidas.

L: Has hecho algunos viajes sola. Algun@s dirán… ¡qué valiente! Aunque tú dices que no te consideras como tal. ¿Qué es lo más mágico de esa forma de viajar?

SI: Sí, de hecho, mi viaje lo comencé en solitario y estuve dando vueltas sola durante más de un año. Aunque ahora viajo en pareja, viajar sola es una de las cosas que más me gustan del mundo. Lo más mágico es que estás en el viaje al 101%, con todos los sentidos, siempre alerta, siempre abierta a todo lo que puede ocurrir.

Viajando sola he conocido a gente súper interesante, me han invitado a comer, me han hablado de la vida de un país en primera persona…

L: Una un poco más rebuscada, ¿qué has desaprendido en estos años de viajera? ¿Algo que creas que todos deberíamos desaprender?

¡Muchísimas cosas! Pero lo más básico que he desaprendido es que no hay que pensar tanto en el futuro. Cuando viajas tanto corres el peligro de dejarte llevar por el día a día, pues cada 24 horas tienes una oportunidad de absorber tantas cosas que no te dejan pensar en nada más, pero también aprendes a que tienes que vivir la vida muy intensamente sin planificar cada etapa.

Creo que a veces nos dejamos arrastrar demasiado por el camino que nos marca la sociedad y no nos damos margen a probar otros caminos, viajar me ha enseñado a que tengo que experimentar un poco más y a dejarme llevar. ¿No dicen que en el término medio está la virtud?

L: Has escalado volcanes, nadado con tiburones, buceado entre restos de la segunda guerra mundial, explorado los rincones más inhóspitos del planeta… ¿qué te queda por hacer?

SI: ¡Cuanto más viajo más ansias viajeras tengo! En este viaje me he dado cuenta de que mi lugar está cerca del mar, así que no paro de investigar nuevas experiencias que me hagan estar aún más cerca de él.

Por ello, uno de mis grandes objetivos es nadar o bucear con las ballenas jorobadas y por eso tengo Tonga entre ceja y ceja. Además, me encantaría explorar Papúa Nueva Guinea, saltar de isla en isla por el Pacífico, bucear en la Antártida, descubrir todos los parques naturales de Estados Unidos y Canadá… Y así podría seguir un ratazo más.

L: Y ya, la última. Si sólo te quedase un viaje por hacer, un lugar por visitar ¿cuál sería?

SI: Tonga y las ballenas jorobadas, ¡pero no me digas que ese será el último!


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