La pulsera de las Almas Viajeras...
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Mochileando por el Mundo

“Mochilocos”. Así se definen estas dos almas viajeras, Leti y Rober, autores del blog Mochileando por el mundo. Dos personas excepcionales que han conseguido hacer de su vida la aventura que buscaban. Y en ese camino, nos han cautivado.

Lo dejaron todo para vivir la vida que querían a sabiendas de que ello comportaba sus riesgos. Riesgos que decidieron asumir y que hoy, sin dudarlo, aseguran que valió la pena.

Personas como ellos hacen buena la famosa frase: “la vida no se mide por las veces que respiras, sino por los momentos que te dejan sin aliento”.

Desde Livingstone, donde compartimos esa forma de ver la vida, hemos tenido la suerte de poder conocerles un poco mejor y ya os adelantamos que tras hablar con ellos se os van a disparar las ganas de empezar a preparar vuestro próximo viaje.

Livingstone: Lo primero, creo que a todos nos gustaría saber cómo surgió ese “big bang” ¿fue una revelación de la noche a la mañana o siempre habéis tenido ese alma aventurera?

Mochileando por el mundo: La verdad es que desde que estamos juntos siempre viajamos, aunque hasta nuestro “big bang” no habíamos ido más allá de algún finde por Europa. El viaje a Tailandia nos cambió completamente la vida. Para empezar descubrimos algo muy importante y revelador: para viajar no hace falta ser rico (¡pfiuu!) y que dejarlo todo para vivir la vida que queríamos vivir (valga la redundancia) comportaba riesgos que, quizás, merecía la pena correr. Los corrimos y aquí nos tienes, 6 años más tardes con unas cuantas aventurillas en las espaldas. No nos arrepentimos 

“Con el paso del tiempo nos dimos cuenta de que lo que más nos llena es alternar meses de viaje con meses de estabilidad, y así es como vivimos ahora, desplegando nuestras alas y cuidando nuestras raices.”

L: Todos vuestros viajes tienen algo en común, y es que allí donde habéis ido, os habéis empapado hasta la médula de la cultura del lugar. ¿Por qué creéis que esta es la mejor manera de viajar?

MPEM: Es que no nos podemos imaginar otra forma de viajar. Rodearte y empaparte de la cultura del lugar para nosotros quiere decir discubrir lo real y auténtico de un país. No nos vemos viajando a una isla paradisiaca sin salir del resort (aunque unos días entre mojitos y palmeras tampoco nos parecen un mal plan, eh) pero lo nuestro es el callejeo, el chiringuito cutre, que por cierto es donde mejor se come, y las desventuras que nos esperan en el camino y que muy dificilmente nos encontrarían en la tumbona de la playa.

 

L: ¿Qué diríais a alguien que quiere pero no se atreve a dar el paso de afrontar un viaje como los vuestros, de inmersión al 100%?

MPEM: Siempre decimos que si nosotros pudimos… ¡cualquiera puede! No conocemos a nadie que se haya arrepentido de dar ese paso, al revés, muchos nos han dicho que “aquel viaje” que tenían miedo a comenzar fue lo mejorcito que vivieron jamás. El único riesgo es que te vuelvas adicto a los viajes y cada vez quieras más y más.

L: Soléis decir que el primer viaje os cambió la vida para siempre ¿creéis que volvisteis siendo personas, en cierto sentido, diferentes?

MPEM: Totalmente. Viajar nos enseñó un estilo de vida que nos enganchó y nos cambió por completo. Cuando volvimos de nuestro primer viaje de 9 meses por el Sudeste Ásiatico, volvimos a la vida “real” pensando en haber cerrado nuestro paréntesis sabático. ¡Pero qué va! A los pocos meses ya teníamos planificado otro gran viaje (y suma y sigue).

L: ¿Diríais entonces que viajar os ha ayudado a conoceros mejor a vosotros mismos?

MPEM: ¡Claro que si! Para mi (Lety) fue sobre todo cuando viajé durante un mes por Malasia. Sola. Allí no me quedó otra que amigarme con aquella desconocida muy conocida que me miraba cada vez que pasaba por un espejo 

Fue un viaje tan intenso que me hizo ser muy fan de los viajes en solitario. Creo que es una de las experiencias que to-dos deberíamos vivir al menos una vez en la vida. Aunque tengo que decir que la gestión económica me va mucho mejor cuando viajo con Rober xD

“Yo creo que me quedaría con la obvia de “solo tenemos una vida”. El tiempo nunca se frena, sigue y no te espera. Si quieres hacer algo ya sea viajar, emprender o loquesea ¡hazlo! La puedes cagar, sí, pero… ¿y si sale bien?”

L: Sin duda, desde que empezasteis esta aventura, vuestra vida ha cambiado completamente, ¿qué es lo que más echais de menos de vuestra vida anterior?

MPEM: Cuando alguien empieza en este mundo todo parece color de rosas… y no. Viajar es lo más y nunca cambiaríamos nuestro estilo de vida pero, como todo, tiene sus pros y sus contras. Estar meses fuera te va a dar mucho, pero también quita: nos hemos perdido mil y una quedada con amigos, no hemos podido estar con nuestras familia en momentos importantes, además de que vas a echar de menos algo de rutina y estabilidad (ooooh, no hay mejor cama que la tuya, ni wáter por supuesto!).

Con el paso del tiempo nos dimos cuenta de que lo que más nos llena es alternar meses de viaje con meses de estabilidad, y así es como vivimos ahora, despegando nuestras alas y cuidando nuestras raíces.

L: En vuestro blog tenéis un artículo con 7 lecciones que habéis aprendido viajando, pero si tuviéseis que quedaron con una sola, ¿cuál sería y por qué?

MPEM: Yo creo que me quedaría con la obvia (y al mismo tiempo tan olvidada) de “solo tenemos una vida”. El tiempo nunca se frena, sigue y no te espera. Si quieres hacer algo ya sea viajar, emprender o loquesea ¡hazlo!

La puedes cagar, sí, pero… ¿y si sale bien?

L: Lo que está claro es que vivís la vida al máximo y lleváis a rajatabla la filosofía de vivir al momento. Sin embargo, hay gente que teme salir de su zona de confort por miedo a equivocarse, ¿vosotros creéis que habéis aprendido más de vuestros aciertos o de vuestros errores?

MPEM: Buena pregunta. El concepto miedo, para mí, es algo que casi todos nos tomamos por el lado equivocado. Tener miedo no es malo, claro, no es placentero, pero si tienes miedo quiere decir que estás frente a nuesvas posibilidades, a un cambio, a un reto (o delante de un coche que está para atropellarte, en este caso… ¡quítate rápido!).

Si tienes miedo tienes dos opciones: dominarlo o hacer que te domine. Yo soy más por la primera… aunque soy súper miedosa. Pero hay que echarle huevos y seguir adelante.

Aprender es siempre bueno, si de aciertos mejor, pero equivocarse es vital para evolucionar… nadie es perfecto, vas a equivocarte, asúmelo. Corre el riesgo. Yo creo que merece la pena (y te lo dice una que hizo muchos errores.

L: Venga, contadnos una situación divertida, peligrosa o trepidante de la que hayáis salido airosos y reforzados.

¡No sé si salimos airosos y reforzados, pero la vez que fui a hacer pipí y al darme la vuelta vi a una serpiente que me estaba mirando puuuuf, fue divertido/peligroso y trepidante. Lo que siguió también.

L: En Livingstone hablamos de atesorar recuerdos de los viajes, esos momentos únicos que llevas contigo toda la vida. ¿Cuál diríais que es vuestro recuerdo favorito?

MPEM: Creo que, sin duda, el mejor recuerdo de nuestros viajes es el blog.

Cuando comenzamos a escribirlo en 2011 lo hicimos por tres motivos: para que nuestros padres y amigos pudiesen seguir nuestras aventuras, para ayudar a futuros viajeros y para poder revivir nuestros viajes en futuro. Para mi esto no tiene precio (por favor WordPress no nos mates el blog nunca!).

L: Y para terminar, una un poco difícil, si sólo os quedase un viaje por hacer, sólo un lugar más que visitar, ¿cuál sería?

MPEM: Uhhhh, difícil no, lo siguiente. En realidad esta pregunta puede variar eh, pero no sé, si hay que mojarse… si fuese un destino nuevo, probablemente Kenia o Tanzania (nunca estuvimos en África y no me molaría nada tener que dejar de viajar sin pisar este continente), si fuese un destino repetido, India, un país tan intenso que no puede no enganchar (en el bien y en el mal). Y además el malai kofta está riquísimo. Y el butter chicken. Y la kingfisher. ¡Cheers!


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